La Piedra Burxana

(27-XII-2019)

La “Pragmática Sanción de 1567” (o “Pragmática Antimorisca”), un edicto promulgado por Felipe II mediante el cual se prohibía la utilización de cualquier signo distintivo de la población morisca, además de unas medidas de control para evitar que se siguiesen los preceptos coránicos, desembocó un año más tarde en lo que se denominó “Guerra de las Alpujarras”, un conflicto que enfrentó a la población morisca del Reino de Granada y a las tropas católicas del rey Felipe II y que tuvo lugar entre 1569 y 1571.

A finales de septiembre de 1569, tras el fallido cerco a la ciudad de Vera, las  tropas moriscas al mando de su rey Aben Humeya se retiraron a su campamento establecido en Purchena. Allí, Aben Humeya decidió celebrar unas “fiestas solemnes” para alegrar a sus gentes y mantener activo al ejército. Entre otras cosas, estaba programado que:

juegos moricos aben humeya

“… al que más peso levantara del suelo,  [se le premiaría con] cien escudos de oro; al que más tiempo sustentara en el hombro un canto de seis arrobas, otros cien escudos de oro y un rico alfanje;…

Todas estas fiestas debían hacerse en la plaza de la ciudad de Purchena, que es al propósito muy ancha y grande…”

(Pérez de Hyta, G., 1847)

No se especifica qué objeto había que levantar del suelo, pero tanto esta prueba, como la de “sustentar al hombro un canto de seis arrobas” parecen claros antecedentes de levantamiento de piedras de modo competitivo. En el texto citado no hay descripción sobre el desarrollo de la primera prueba, pero sí está bastante detallado el de la segunda.

            “…quedando para otro día la prueba del que tuviese más tiempo al hombro un mármol de cuatro quintales de peso. Venida la mañana, Abenumeya fue a sentarse en su estrado con todos los capitanes del ejército, muy bien vestidos y ataviados. La plaza se pobló de mucha gente, así como los balcones, ventanas y terrados, en donde se veían muchas y muy lindas damas. Mandó luego Abenhumeya que se trajese de la iglesia un mármol que había servido para sustentar la pila del agua bendita; era una piedra de seis pies de largo, que pesaba diez y seis arrobas. Inscribiéronse para la prueba muchos capitanes, cuyos nombres se pusieron dentro de un vaso de plata, a fin de que fueran saliendo por su orden; y también había allí sobre una hermosa mesa un reloj de arena. Los capitanes inscritos para la prueba fueron Abenaix, Almozaban, El Gorri, Puertocarrero, Zarrea, El Maleh, Albonuaile, El Joraique, Alrocaime, El Habaquí, El Derri, Gironcillo, Caracacha y Mamiaga. En esto comenzó a sonar toda la música de cajas, atabales, añafiles y trompetas, mostrando grande alegría, y después de haber tocado largo rato, metiendo Abenumeya la mano en el vaso, sacó el papel con el nombre del Habaquí; luego sonó una trompeta sola, y el rey dijo en voz alta, de modo que todos le oyeran: Salga El Habaquí. Levantóse el valeroso capitán, y se presentó en medio de la plaza, donde estaba el liso mármol, y con la ayuda de otra persona, porque era indispensable, se le echó al hombro derecho, sintiendo gran pesadumbre. Allí se mantuvo a la vista de todos, sosteniendo el mármol con su hombro un largo cuarto de hora, y no pudiendo sufrir más, le dejó caer en el suelo. Quedó el buen Habaquí al verse exento de ese peso, como si se descargara de un monte; y mostrando buen semblante, se volvió a su lugar diciendo, que aquella prueba era propia de animales. Al son de trompetas y dulzainas sacó luego Abenumeya otra cédula con el nombre de Zarrea, el cual tomando el mármol sobre el hombro, apenas pudo sostenerle medio cuarto de hora; y así le dejó en tierra diciendo, que mejor se apañaría a sufrir la descarga de una escopeta, que la carga de aquel mármol, y se volvió á su puesto. Tras de Zarrea salió el Derri, y no pudo aguantar el peso más de otro medio cuarto de hora. Luego salió Gironcillo, que no pudo sufrir el peso ni un momento, sino que luego despidió la mala carga, diciendo, que más valía pelear y matar cristianos, que someterse a una prueba tan brutal. Tras de Gironcillo salió el Gorri, y no llegó a sufrir el peso medio cuarto de hora; ni tampoco Puertocarrero, que salió después. Tras de este salió el gallardo Maleh, que aguantó un cuarto de hora, mostrando grandísimo esfuerzo, y no pudiendo sufrir más, soltó el peso en el suelo. El Joraique se siguió al Maleh, y tuvo el mármol encima de su hombro cerca de media hora, quedando toda la gente maravillada de su fortaleza, y diciendo que era hombre de grandísimo valor; pasada la media hora dejó caer el duro mármol, y se volvió a sentar en su puesto. En seguida salió Alrocaime, y luego que lo vieron todos pensaron que ganaría el premio, diciendo: “Este famoso capitán ganará, pues por su estremada fortaleza aventajó a todos en la prueba de los ladrillos.” Alrocaime tomó al hombro el duro mármol, y sin moverse de un lugar, lo sostuvo tres cuartos de hora, sufriendo inmenso trabajo: cuando vio que no podía pasar de allí se echó fuera, dejando caer el mármol en tierra, maravillándose todos de su esfuerzo. Luego salió el bravo Abenaix, y sufrió el peso del mármol una hora y cuarto, dejando espantados a todos cuantos le miraban. Salió después el gallardo Almozaban, y sustentó el mármol hora y media sin cansarse; esfuerzo que asombró a todos; pero tanto quiso sustentar aquel peso, que le reventó sangre por las narices. Tras de Almozaban salió el capitán Caracacha, y tomando el mármol sobre el hombro, le sustentó un cuarto de hora. Luego salió su compañero Mamiaga, y no pudo sufrir más de cuarto y medio de hora. Salió enseguida el bravo Abonuaile, tomó el pesado mármol, se le puso al hombro, y paseándose con él, aguantó dos horas, con tanto estrépito de la gente que le miraba, que no se oían unos a otros, espantados de que siendo el postrero hubiese ganado la joya. Sonaron entonces todas las trompetas y chirimías, mostrando grande alegría por la victoria de Abonuaile, y todos los demás capitanes fueron a darle la enhorabuena, y a sacarle de la plaza con grande honra. Mandó luego Abenumeya que se le diera el premio prometido. Con esto ceso la fiesta y prueba de aquel día…”

Rememorando estos festejos, “en agosto de 1.993 y durante dos días se recuperaron las pruebas deportivas descritas por Pérez de Hita, en una moderna segunda edición de los Juegos de Aben Humeya. Se decidió entonces que el evento merecía repetirse cada cuatro años y en 1.997, fue celebrada la tercera edición que pasó a ser anual desde entonces por el potencial cultural, histórico, deportivo y turístico que se vislumbraba…”[1].

piedra burxana

Entre las pruebas que se llevan a cabo en los modernos “Juegos Moriscos de Aben-Humeya” está el levantamiento de la piedra Burxana, un bloque de mármol de seis arrobas de peso (68,400 kilogramos) de forma cónica. Tomándola por los agarraderos, los participantes tienen que llevar la piedra desde el suelo hasta su hombro. Disponen de cinco minutos, durante los cuales tienen que cumplir la tarea marcada tantas veces como les sea posible. Aquel que más veces consiga llevar la piedra a su hombro en el tiempo estipulado será proclamado vencedor.

Tengo conocimiento de la existencia de la “Piedra Burxana” (Purchena en lengua árabe) desde la primera década de este siglo. Mi interés en conocerla se remonta prácticamente a entonces, pero por razones diversas nunca había encontrado el momento ideal. Hasta el pasado 27 de diciembre de 2019, que me presente en Purchena a cumplir con lo que me apetecía.

Antes de mi viaje a la Universidad de Murcia me puse en contacto con el Ayuntamiento de Purchena. Allí me remitieron a Antonio Lara, el encargado de deportes y coordinador de la organización de los “Juegos Moriscos”. Hablé con él con idea de aprovechar el viaje a Murcia y desplazarme a Purchena al día siguiente, pero fue imposible. Antonio se puso a mi disposición para mostrarme la piedra en otro momento, y aproveché unos días de vacaciones en diciembre para hacerlo. Ya en Purchena, Antonio me habló de las vicisitudes por las que ha pasado la organización de la prueba a lo largo de estos años. En la actualidad se celebra cada dos años. La competición con la “Piedra Burxana” ha cambiado un poco.

“Al no estar los participantes haciendo levantamientos constantemente en los cinco minutos,”, nos cuenta Antonio, “a los espectadores les parecía que faltaba algo de espectáculo”. Así que, actualmente se incluye dentro de un circuito en el que, entre otras cosas, los atletas tienen que hacer un número determinado de alzadas con ella. No obstante, es posible le recuperación de la prueba original, ya que “hay competidores que nos piden que volvamos a hacer la prueba con la piedra igual que se había antes”.

levantamiento de piedra bruxana

Acompañé a Antonio hasta el campo de fútbol, ya que allí es donde tienen guardadas las piedras. Y escribo en plural porque son varias las piedras que hay. “Tenemos una pequeña, que pesa 26,6 kilos, que se hizo para las competiciones femeninas, aunque hay ya mujeres levantando la de 46 kilos”. Esta segunda es la que se utiliza para las competiciones de juveniles. En realidad pesa un poco más, pero en un pequeño percance se deterioró ligeramente y no se ve el peso impreso en la parte alta de la piedra. La más pesada, la “Piedra Burxana”, también tiene una réplica exactamente igual, tanto en forma como en peso (68,4 kilos).

Las piedras son de mármol, hechas en una cantera de la zona. Son muy lisas, de un tacto totalmente diferente a cualquier otra piedra que haya probado antes. No se sabe por qué se hicieron de esa forma, ni tampoco por qué la competición se planteó de ese modo (si hacer alzadas durante cinco minutos no parecía muy espectacular, plantearse la prueba de “sustentar la piedra en el hombro” por tiempo indefinido tampoco parecía una perspectiva muy halagüeña).

Llevamos las piedras a una zona libre que había en la zona entre el campo de fútbol y una pista de atletismo, y les hicimos unas fotos. Pedí permiso a Antonio para levantarlas y me dijo que lo único obligatorio (a parte del turbante en la cabeza que hay que usar durante la competición) era coger las piedras por los agarraderos para llevarlas al hombro. Me contó también que en una ocasión un participante utilizó una protección en el hombro, pero que no era lo habitual. Hacer una alzada con cada piedra no es una tarea de titanes, pero estar cinco minutos con cualquiera de ellas ya es otra cosa. Cuando levanté la “Burxana” Antonio me sugirió, en broma, poner el reloj en marcha, pero decliné la invitación para un momento más apropiado.

lucio levantando la piedra burxana 2
lucio levantando la piedra burxana 2

No se conservan resultados. Entre los problemas de organización que me refería Antonio, hubo uno con la web y se perdió mucha documentación. También, en las primeras ediciones, se encargaba de la organización gente de fuera y no hubo previsión de guardar cosas. Para trabajos anteriores, yo había podido encontrar los nombres de los ganadores de cinco ediciones, así como la marca alcanzada por el vencedor en cuatro de ellas.

2004: Silverio Larisa
2005: Silverio Larisa, 27 alzadas
2006: José Fernández, 31 alzadas
2007: José Fernández, 26 alzadas
2008: José Fernández, 33 alzadas

A finales de julio de 2020 tendrá lugar la XXI edición de los “Juegos Moriscos de Aben Humeya”. Me gustaría estar allí presenciándolos.

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[1] Solá Bernabé, Manuel. “Un evento histórico-deportivo único: Los Juegos Moriscos de Aben-Humeya en Purchena (Almería)”. http://www.juegosmoriscos.es/Servicios/Informacion/Informacion.nsf/23259C33BC00ABB7C1257FE00058A1AB/%24file/ISO-8859-1art%C3%ADculo-juegos-moriscos.pdf

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