La Piedra del Gallo

y otras piedras de Ramón Alvarado (22-VIII-2019)

Hace muchos años que conozco el Levantamiento y Pulseo de Piedras en las Islas Canarias. En “Deportes Tradicionales de Fuerza en España” ya escribí sobre ello, pero no me pude desplazar al archipiélago canario para conocer in situ las piedras que allí se levantan, o se levantaban. En verano de 2019 mi mujer me propuso ir de vacaciones a Gran Canaria. Me pareció perfecto. Pensé que sería capaz de encontrar al menos una tarde para visitar a Ramón Alvarado, en Sardina del Sur, en cuya casa está la “Piedra del Gallo”, una de las piedras tradicionales canarias más conocidas y difíciles de levantar.

Conocí a Ramón Alvarado hacia 2008, cuando estaba trabajando en “Deportes Tradicionales de Fuerza en España”. Intercambiamos correspondencia y hablamos algunas veces por teléfono. Ya por entonces era uno de los pocos levantadores activos que quedaban en las islas (en realidad ya solo levantaban Ramón y Juan Carlos Javier, éste en Santa Cruz de Tenerife). A raíz de filmar el documental “Levantadores”, mi amigo Juan Betancort, hombre de cine y, sobre todo, canario de pro, me pidió el contacto de algunos levantadores y pulseadores de su tierra para ver si podíamos hacer allí un trabajo de características similares. Conoció a Ramón y, además de mandarme muchas fotos, me habló encantado de la experiencia y me animó a desplazarme a Gran Canaria para conocer a Ramón y, de paso, enfrentarme a la “Piedra del Gallo”.

lucio y ramon alvarado

El 22 de agosto de 2019 nos desplazamos desde Arguineguín mi mujer, mi hijo y yo, acompañados de Juan, hasta Sardina del Sur, donde vive Ramón. Para mí esto fue mucho más que ir a levantar piedras. Enseguida me entendí con Ramón, somos ambos gente de deporte y nos gusta a los dos levantar piedras. Me contó cosas sobre la piedra en las Islas Canarias, tanto antiguas como actuales. A sus 53 años sigue en activo con exhibiciones, va por los colegios enseñando a los jóvenes las tradiciones de su pueblo, incluso está ilusionado con las posibilidades de un chico de veinte y pocos años con quien está trabajando.

Ramón Alvarado tiene en casa diferentes piedras. Cuatro de ellas son volcánicas y las usa cuando va a hacer exhibiciones con escolares. Hay una de 8 kilos, otra de 20, una tercera de 49 kilos, todas para pulsear (llevar a la extensión de brazos por encima de la cabeza sin que la piedra toque el cuerpo), y una cuarta de 86 kilos, que la lleva hasta el hombro. Tiene también tres piedras de estilo vasco, que podemos denominar “caseras”, ya que están hechas por él: una cilíndrica de 117 kilos, una rectangular de 125 kilos y una esférica de 82 kilos. Sin embargo, a la primera que me acerqué fue a la “del Gallo”, una piedra de 151 kilos y de un aspecto impresionante. Estaba junto a una piedra esférica de 100 kilos que le regaló Pedro Salegi “Langa”.

La “Piedra del Gallo” es la más representativa de toda la isla de Gran Canaria. Su historia está estrechamente relacionada con José Perdomo Hernández, un natural de Aldea Blanca que falleció en 2018 a los 93 años de edad. Nos cuenta Ramón que fue el abuelo de José Perdomo quien la encontró en Hoyo Colorado.

“Estaban trabajando en un horno de cal. Como la piedra les estorbaba, la sacaron y la dejaron en la entrada. Y allí se quedó. Fueron muchos los que se acercaron para intentar levantarla, pero muy pocos los que lo consiguieron”.

Piedra del gallo

Un pequeño cálculo nos hace suponer que fue encontrada hacia finales del siglo XIX o principios del XX. Dado lo difícil que era “soliviarla”, alguien dijo que con aquella piedra no valían ni “pollillos”, ni pollos (así se califica a los luchadores en las islas según su categoría), lo que hacía falta era un gallo. Y con ese nombre se quedó. Ese “gallo” resultó ser el ya mencionado José Perdomo, que la levantó muchas veces. La piedra terminó trasladándose a Aldea Blanca, a la puerta del bar que regentaba Perdomo. Se sentaba sobre ella cuando no había faena y también, de vez en cuando, le daba sus “pechaditas”.

“Originariamente estaba en el sitio conocido como el Hoyo Colorado, donde iban a levantarla, luego la trajeron hasta el casco urbano de Aldea Blanca y con posterioridad fue colocada en la puerta del bar de D. José, hasta que un día se cansó de tanto alboroto alrededor de la dichosa Piedra del Gallo y la enterró”. [1]

A la gente le gustaba probar sus fuerzas con la piedra, pero no les gustaba que les viesen fracasar en el levantamiento. Por eso muchos iban por la noche a intentarlo. Armaban ruido y muchas noches José Perdomo les veía desde su ventana, encima de la puerta del bar. Aburrido, a finales de la década de los 70 terminó enterrándola en su jardín. A finales de 1989, respondiendo a una propuesta del “Aula de Juegos Autóctonos del Colegio Universitario de Las Palmas”, el concejal de San Bartolomé de Tirajana, Chano Fernández, y el periodista José Alberto Hernández se pusieron en contacto con José Perdomo para recuperar la “Piedra del Gallo”. Este no estaba muy por la labor de desenterrarla, alegando tener mucho trabajo, pero acabaron convenciéndole y la piedra volvió a la luz. Una vez rescatada se aprovechó la celebración de la “II Jornada Cultural Canaria”, el 10 de junio de 1990, para llevarla a San Rafael de Vecindario, donde fue depositada junto al terrero de lucha. Nadie fue capaz de levantarla.

“No hubo quien “pechara”, “trancara” o la “soliviara” pero sí se aprovechó para pesarla arrojando algo más de 150 kilos su peso”. [2]

antonio sosa cardosa levantando piedra del gallo

El peso exacto de la piedra fue de 151 kilos. Antes de que fuese llevada a San Rafael de Vecindario, el propio José Perdomo, a la sazón 63 años, hizo unos levantamientos con ella, al igual que Carmelo Quintana Santana, de 54 años.

La amistad del padre de Ramón Alvarado con José Perdomo fue lo que llevó a la “Piedra del Gallo” a su localización actual. En la actualidad Ramón todavía es capaz todavía “darle aire”, pero me consta que la ha levantado hasta la altura de su pecho en muchas ocasiones.

“Nunca he podido llevarla al hombro, ni tampoco he visto a nadie que sea capaz de hacerlo. No dudo que haya quien pueda hacerlo, pero yo no lo he visto”.

El aspecto de la “Piedra del Gallo” es espectacular. A la propia dificultad de su peso, hay que añadirle lo complicado que resulta establecer un agarre firme en torno a ella. Ignoramos de qué mineral es, pero al moverla sobre el cemento del suelo del patio de Ramón se puede decir que “suena metálica”. Intentar levantarla es un auténtico reto para cualquier hombre que se considere fuerte. De ser más conocida, probablemente ocurriría con ella lo mismo que con las piedras escocesas más famosas: que no serían pocos los forzudos que llegarían desde muchos puntos del globo para enfrentarse a ella. A pesar de que la dificultad de la piedra se percibe nada más verla, y que era consciente de que tenía pocas posibilidades de éxito, me apetecía probar la piedra. Cogí la de 20 kilos y le di unas cuantas “pulseaditas”. Continué con la de 49 y la llevé al hombro. No había donde echar la piedra (en Canarias no se usa botaleku) y, como el suelo era de cemento, me costó trabajo dejarla con cuidado en el piso. Después de preguntarme que si practicaba el “pulseo”, Ramón me sugirió que lo intentase; la llevé bien hasta los hombros sin que tocase el cuerpo, pero luego solo pude hacer la mitad del recorrido. Quizá con un poco de “push press” habría ido arriba, pero no me sentí muy seguro para hacerlo con una piedra.

lucio levantando piedra redonda

Ataqué la piedra de 86 kilos con idea de llevarla al pecho y lo hice, pero de nuevo lo que más me costó fue devolverla al suelo. Ramón me mostró otra forma de agarrarla para llevarla al hombro. La llevé bien a la cintura, pero no encontré el modo de darle la vuelta.

Había que ir a por la “Piedra del Gallo”. Ramón la colocó y, tras varios esfuerzos, la levantó claramente, unos diez centímetros. Me dejó el listón muy alto. La tanteé, aconsejado por Ramón busqué el mejor sitio para agarrarla, probé varias veces… y conseguí “darle aire”, levantarla apenas un dedo. Me sentí satisfecho, quizá antes de tiempo, porque volví a intentarlo y ya no hubo manera.

Ramon Alvarado levantando piedra
lucio levantando piedra del gallo

Todos entendimos que la sesión de levantamiento de piedras había terminado. Llegó Castor Castro, un vecino de Ramón que en su tiempo se dedicó al Levantamiento de Arado, otro deporte tradicional canario. Ana, la mujer de Ramón, nos trajo unos refrescos y queso que prepara ella misma. Nos sentamos, charlamos de piedras, arado, de lucha canaria… Una tarde inolvidable.

lucio ramon y castor castro

[1] Hernández, José Alberto. “Cada isla con su piedra y cada piedra con su nombre”. La Provincia, de Las Palmas, noviembre 1989.
[2] Cardona Sosa, Antonio. “Juegos y Deportes Vernáculos y Tradicionales Canarios”. Gran Canaria 1995.

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