MIKE BRIDGES

¡Aquella lista de récords!

El 31 de enero de 1981, sábado, me presenté prácticamente de madrugada en el “Gimnasio Muvia”. Me acompañaba “El Pingüi”, un “compañero de baile” (como ya cantaba “Topo”), que se venía a Elche con nosotros, los miembros del equipo “Muvia” que íbamos a participar en el III Campeonato de España de Powerlifting. Jesús Mario Muñoz, el dueño del gimnasio, Javier Utrera, José Rivera y José Rodríguez “El Titi”, fueron en un coche; en el otro subimos Mario Alberto Schoendorff, Manuel Muñoz Luna y nosotros dos, “El Pingüino” y yo. También iba a levantar otro de los nuestros, Emilio García, pero se había ido con unos amigos el día anterior. El campeonato se celebró el 31 de enero y el 1 de febrero, pero el único que levantaba el  primer día, el sábado, era yo. Como era el más joven, el debutante y el que menos peso movía, no había problemas por meternos cuatro o cinco horas de coche, comer y levantar. Reconozco que en aquel momento no me importó y, además, ¡qué iba a decir!

Según íbamos llegando al gimnasio, y mientras esperábamos a estar todos para marcharnos, Jesús Mario nos iba dando una hoja con los récords del mundo. El Mundial se había celebrado en noviembre del año anterior e IPF, tras actualizarla, seguro que había enviado esa lista de récords a todos los países miembro. Él había añadido “MUVIA GIMNASIOS” en la parte superior y fotocopió una hoja para cada uno. Aún conservo la mía.

muvia gimnasios

Como es lógico, empezamos a comentarla. O lo hicieron mis compañeros, que yo me atrevía poco a hablar. “El Titi”, me acuerdo perfectamente, se fijó en que Larry Pacifico aún se mantenía como plusmarquista mundial. Algún otro reparó en Lamar Gant, que levantaba más de cinco veces su peso corporal en peso muerto, o en el ya entonces “eterno” Hideaki Inaba. Yo no decía nada, pero sólo me fijaba en un nombre. Jesús Mario, como si me hubiese leído el pensamiento dijo: “Fijaos en el tal Bridges ese. Tiene el récord del mundo del total en cuatro categorías. ¡Y ha conseguido todos en un año!”.

A fecha 10 de noviembre de 1980, Mike Bridges tenía seis récords del mundo de powerlifting repartidos en cuatro categorías de peso: uno en 67,5 kilos (Total: 730 kilos, conseguido el 3 de noviembre de 1979 en Turku, Finlandia), dos en 75 kilos (sentadilla, 327,5 kilos, y total, 835 kilos, conseguidos ambos el 19 de abril de 1980 en Auburn, Alabama, supongo que en el campeonato de Estados Unidos), otros dos en 82,5 kilos (en sentadilla 377,5 kilos y en total 940 kilos, hechos, el 8 de noviembre de 1980, en el mundial que se acababa de celebrar en Arlington, Texas) y uno más en 90 kilos (total: 937,5 kilos que había el 4 de octubre de 1980, ¡un mes antes del mundial! en Huber Heigths, Ohio, en no sé qué competición que se había hecho allí). Sólo había que ver aquello para darse cuenta quién era la gran figura del powerlifting mundial en aquellos años. El récord de Bridges en 82,5 kilos era más alto que el del famoso Larry Pacifico en 100 kilos, que se quedaba en 935 kilos.

Como es natural, empecé a buscar información sobre Mike Bridges, algo que no era nada fácil en España a principios de 1981. En el “Muvia” teníamos un compañero, Alejandro, que trabajaba en una compañía aérea y volaba fuera de España. Según supe más tarde, compraba revistas americanas de culturismo y luego las revendía. Así, un día Jesús Mario Muñoz me ofreció el número de marzo de 1981 de “Iron Man”, la célebre revista del gran Peary Rader. En portada estaban el “Míster Universo” Roger Walker y una tal Kim Rogers, de quien no había oído hablar en mi vida. Mi inglés de entonces era poco menos que básico, pero como aquellas revistas me apasionaban, la compré.

La empecé a hojear, como aquél que dice “mirando las estampas”: allí estaban Arnold, Zane, Mentzer, Dickerson, Roger Walker; por supuesto, incluso culturistas que conocía por las revistas españolas, como el japonés Kozo Sudo. A medida que iba pasando páginas disminuían las fotos y aumentaban las letras. Hasta que llegué a un titular que me llamó la atención: “World Power Championships. Full of Exciting Events and Records”. En esa página había una foto de Hideaki Inaba y otra de Precious McKenzie; ambos estaban en “aquella lista de récords” que tenía. El artículo, firmado por Terry Todd (con quien tuve una buena relación treinta años más tarde), contaba los pormenores del Campeonato del Mundo que se había celebrado, en noviembre del año anterior, en Arlington, Texas; aquel en el que Mike Bridges había batido los récords del mundo, en 82,5 kilos, en sentadilla y total.

sentadilla de powerlifting

Pasé la página y, efectivamente, allí había una foto de Mike haciendo sentadilla con una separación de pies muy amplia y, a pesar de que ya estaba muy cerca del punto de máxima profundidad, sus pantorrillas estaban perpendiculares al suelo y paralelas entre sí. Se veía claramente la colocación baja de la barra y que el tronco estaba totalmente erguido. En el pie de foto se decía que correspondía a un “intento extra”[1] que había hecho para establecer el récord mundial en 832 libras (los 377,5 kilos que aparecían en la lista). Pero había algo que no encajaba: más arriba de la foto de Bridges estaba otra del británico Bill West, en la que se decía que había sido el campeón en 181 libras (82,5 kilos) ¿Cómo podía ser eso? En vano busqué las clasificaciones (¡habían salido en el número anterior!), así que fui a ver qué decía Terry en el relato de la categoría de 82,5 kilos:

“Bridges no fue incluido en el equipo de EE.UU. porque decidió llevar el emblema de la NPA. Había ganado los Nacionales en 82,5 kilos y había sido elegido para ir al Mundial, pero tuvo sus propias razones para descartarse él mismo del equipo de la USPF. Esos que están tan impresionados con su fuerza, todo el mundo en el powerlifting, se entristecieron al ver que rechazaba la oportunidad de ganar un título mundial”

Al final de la crónica Terry se esforzaba por aclarar tan disparatada situación, que podemos decir que marcó el inicio del despropósito en el que empezaba a convertirse el powerlifting estadounidense y que, pocos años después, sería un perfecto ejemplo de lo que debió ser la “Torre de Babel”.

“Como algunos lectores saben, un segundo equipo de EE.UU. participó en los mundiales, si bien lo hizo fuera de competición. Brevemente, lo que ocurrió fue que un pequeño grupo de gente decidió desafiar la autoridad de la USPF. El grupo se llamó a sí mismo National Powerlifting Federation. A causa de un error de los directivos de la IPF, tanto este grupo como la USPF fueron declarados como “miembros provisionales”, teniendo que decidir IPF quién, a partir de entonces, iba a representar a EE.UU. en competiciones internacionales. Tras un largo debate se decidió que esa representación debía recaer en USPF, si bien los miembros de NPA serían autorizados a participar, aunque fuera de competición (dicho de otro modo, sólo de cara a los récords mundiales). En el equipo NPA, además de Bridges, estaban Joe Bradley, Ernie Frantz, Steve Wilson y Dave Waddington…”

MIKE BRIDGES sentadilla

Quince años después, en un reportaje que hizo sobre él Herb Glossbrenner, en el número de mayo 1995 de “Powerlifting USA”, éste le preguntaba por qué había tirado un título mundial a la basura:

“Me prometieron que la IPF aceptaría al equipo NPA y que nosotros podríamos levantar. Me convencieron para permanecer con  Larry [Pacifico] y los otros. Que ello iba a servir para mejorar el futuro del powerlifting”

“Se dijo que te habían pagado para hacerlo”

“Lyle Schwartz fue quien me acusó de eso, pero era falso. Me molestó mucho, pero hizo que me reafirmase en mis convicciones”.

“¿Fue una decisión inteligente?

“No, pero en aquel momento pensé que era lo mejor.”

Mike Bridges volvió a las filas de la USPF y en 1981 formó parte del equipo estadounidense que se desplazó a Calcuta para disputar el Mundial IPF[2]. De esta competición conseguí información gracias a las revistas que mi hermana Paula me enviaba desde París, donde estaba trabajando y estudiando. En la categoría de 82,5 kilos coincidían por primera vez el británico Ron Collins, quien había ganado cuatro veces el Mundial en esa división de peso, y Mike Bridges, el gran favorito. La prueba empezó marcada por lo que podemos denominar el “affaire Collins” (hizo hasta cinco intentos en sentadilla y todos fueron considerados nulos), pero la actuación de Bridges fue espectacular. Totalizó 945 kilos (365-240-340), superando en 5 kilos su propio récord mundial, y estableciendo en el proceso una nueva plusmarca en press de banca, 240 kilos, superando en 7,5 kilos el registro anterior que poseía Mike Mc Donald[3].

Éste de Calcuta fue un campeonato muy complicado para la IPF. Se escribió que había sido el peor Mundial celebrado nunca. Años después se seguía alegando el “recuerdo de Calcuta” cuando India se postulaba para organizar una prueba internacional. Lo más sonado fue el escándalo con el control dopaje. Jan Todd, delegada del equipo de EE.UU. en aquella competición, y que estuvo presente en todas las reuniones (y discusiones) que se produjeron con motivo de los controles cuenta lo que pasó allí:

“Además de asistir al Congreso de la IPF, tenía otros deberes en Calcuta. Después de una reunión de los atletas del equipo masculino de 1981, me pidieron que ejerciera de manager/entrenador en esos Campeonatos Mundiales. Esto significaba que era responsable de todos los aspectos del rendimiento del equipo de EE.UU. en Calcuta, incluyendo el control dopaje. Como era la primera vez que una mujer era elegida como entrenadora en el Mundial masculino, me tomé mi tarea muy en serio. Me preocupé cuando me enteré de que la IPF planeaba realizar los análisis de anfetaminas (era la única sustancia que se iba a controlar en el test) en un hospital de Calcuta, en lugar de hacerlo en un laboratorio del COI. Aunque había oído al Dr. Mahabir Singh, el médico de Calcuta a cargo del protocolo de dopaje, asegurar a los delegados de la IPF que las pruebas serían las aprobadas por el COI, tan pronto como entré en el «centro de recogida de muestras» con uno de mis atletas, me di cuenta que las cosas no eran como debían ser. Sin embargo, como se había informado con mucha antelación del procedimiento, y como la única sustancia que la IPF estaba analizando eran anfetaminas, no me preocuparon realmente los resultados porque sabía que el análisis no era retrospectivo y que no había manera de que mis hombres fueran tan tontos como para consumir una anfetamina cuando sabían que se les haría un análisis justo después de los campeonatos.

Mi sorpresa fue mayúscula cuando, en la tarde del segundo día del concurso, el Presidente de la IPF, Mercer, anunció que seis levantadores habían dado positivo por anfetaminas en las pruebas del primer día. Al final del concurso, un total de 16 hombres (incluidos cuatro estadounidenses) habían dado positivo, uno no se había  presentado a las pruebas, y otro figuraba en la lista como  «pendiente de investigación adicional» (“Chaos Can Have Gentle Beginnings”, “Iron Game History”, volumen 8, nº3. Mayo-Junio 2004)

Todd continúa diciendo que, a  pesar de ser una de las más fervientes partidarias de los controles antidopaje, no tuvo más remedio que presentar una queja, por medio de la federación de EE.UU. para que los controles fuesen anulados. Un número importante de países miembros de IPF apoyaron la queja y los dieciséis levantadores, entre los que se encontraba Mike Bridges, fueron reintegrados a las posiciones que originalmente habían ocupado.

revista powerlifting usa

Las noticias de estas competiciones llegaban a España; sólo que un poquito más tarde… y un poquito de aquella manera. Normalmente era Ricardo Cros quien enviaba la información a la revista “Gente Sana”. Había estado presente en el Mundial de Arlington y recuerdo cómo le contaba a Jesús Mario Muñoz, al “Titi” y a otros, entre los que me encontraba yo, su participación. Prefiero no reproducir su experiencia aquí, pero no podía extrañarme ver en el número 15 de “Gente Sana” que Mike, en Arlington, había levantado ¡380 kilos en sentadilla, 235 en press de banca y 350 en peso muerto![4] Tampoco que en una lista en la que sólo venían los tres primeros, Bridges aparte, incluyese al cuarto clasificado en 60 kilos, Antonio Gálvez, para decir en una nota que “Este chico es español y tiene pasaporte español. He hablado con él para que pudiera competir para España conmigo, pero no quiso”. ¡Cómo si se pudiese cambiar el país por el que uno está inscrito así como así![5]

La información sobre el Mundial de Calcuta tampoco tuvo desperdicio: “En este Campeonato se hicieron pruebas de drogas y esteroides anabolizantes[6] y muchos campeones fueron descalificados. Casi todos de los americanos, así como Joe Bradley, Mike Bridges, James Cash, Dan Wohleber, también Bill West de Inglaterra, Lampela de Finlandia, H. Isagawa de Japón, etc. etc.”. (“Gente Sana”, año IV, nº 20) En esta ocasión se libró Tony Gálvez, que fue subcampeón mundial en 60 kilos y estableció un nuevo récord de Europa en sentadilla con 247,5 kilos.

Organizado por Larry Pacifico, el 10 y 11 de junio de 1982 se celebraron en Dayton los “National’s” Americanos. Todo parecía perfecto. Era el evento del que se iba a escoger el equipo estadounidense para los Mundiales en Múnich. Se hablaba de que se iba a presenciar la mejor competición de la historia. Hasta los trofeos eran acordes a tan magna ocasión: estatuas de un levantador haciendo peso muerto, obra de mi amigo Adolfo Robles. Antes de empezar la competición Herb Glossbrenner se acercó a hablar con Mike Bridges:

“…me dijo que iba a hacer lo suficiente para ganar y nada más, sin alardes. Bueno, asentí con la cabeza, aunque un tanto decepcionado porque esperaba ver a Mike haciendo lo que mejor sabe hacer: levantar grandes pesos. A Mike le gusta tomarme el pelo, pero parecía que hablaba en serio. Hizo sus sentadillas al pie de la letra. Salió con 705 libras (320 kilos) y reventó; 810 (362,5) pareció igual de fácil; y luego un récord mundial con 837 (380); una sentadilla que a mi juicio era indiscutiblemente buena. [7]

Cuando se fue a  por la barra no montó ningún escándalo, ni hubo desmayos ni gritos. Todo parece ajustarse a las cargas que Mike levanta. Empecé a pensar que estaba escondiendo sus intenciones cuando puso en banca 462(210); lo hizo jugando. Un intento muy seguro con 512(232,5) vino a continuación. El único hombre que se ha atrevido con los récords de Mike McDonald, pidió un tercer intento, para récord mundial, con  534 (242,5). Yo hubiera escogido 523(237,5) pero Mike quería probar el récord. Pareció como que se paraba a mitad de camino, y creo que con sus pies hubiesen estado apoyados sobre discos, podría haber hecho el récord. Tenía que estirarse para tocar con los pies en la plataforma.

Mike abrió el peso muerto con 650(295), para ganar, y se fue derecho a por 738(335), con lo que aumentó su récord mundial del total a 2088. Necesitaba 755(342,5) para romper la barrera de las «2100» libras. Como si su fuerza fuese hidráulica levanto suavemente hasta la posición de encaje; tenía un total de 2105(955). Realmente,  fuimos testigos de la más grandiosa actuación individual en la historia del powerlifting”.[8] (Herb Glossbrenner. “Senior National Championships Report”. En “Powerlifting USA”, agosto 1982)

MIKE BRIDGES nuevas dimensiones del powerlifting

Aquello fue el techo para Mike Bridges, aunque aún ganó dos mundiales IPF más. En el de 1982, celebrado conjuntamente con el Campeonato de Europa en Múnich, asistió un equipo español completo. Nuestras dos máximas esperanzas, Antonio Gálvez y José Rodríguez, ambos grandes especialistas en sentadilla, acumularon seis nulos entre los dos en ese levantamiento. Comentaban que había cambiado la manera de juzgar este movimiento, que los jueces habían sido mucho más exigentes que en anteriores competiciones internacionales. Desde luego las sentadillas juzgadas como nulas fueron incluso más que las válidas. Fuese por eso o por otras razones, Mike Bridges se limitó a hacer 300 en la salida, 320 en el segundo intento y renunció al tercero (hay una foto de él en “International Powerlifter” en la que la profundidad se observa perfectamente). En press de banca salió de 187,5 kg., hizo nulo con 205, pero lo sacó en el tercer intento. Y en peso muerto aseguró el titulo con 287,5 kilos, saltó a 320 en el segundo y dejó la competición. Esta vez sí se puede decir que “se limitó a ganar” (aun así, aventajo en 70 kilos al segundo clasificado, Mike Duffy).

Mi compañero Emilio García, que había levantado también en 82,5 kilos, me hablab a con mucha admiración de él. Jesús Mario Muñoz, cuando hablamos de por qué había bajado tanto su total, me comentó que le había visto muy desmotivado, sin ganas de mostrar todo lo que podía hacer. Lo mejor fue que Jesús Mario compró un libro, «New Dimensions in Powerlifting», en el que venían explicados los sistemas de entreno y las técnicas de levantamiento que utilizaba Bridges, entre las que destacaba su innovación en la sentadilla con las piernas muy separadas. Me entrenó de ese modo durante una temporada prolongada y tengo que decir que, independientemente de si los resultados fueron buenos o no, y sí mejoré, por primera vez oí hablar de forma razonada y lógica sobre como optimizar del mejor modo posible los levantamientos de powerlifting.

La retirada de las plataformas de Mike Bridges vino en 1983, con sólo 26 años. Ese año había derrotado, en el Campeonato de Estados Unidos, a un prometedor Ed Coan y había conseguido, pese a no presentarse en su mejor forma, el título mundial en Goteborg (Suecia). Según declaró, los negocios le restaban tiempo para entrenar y, dada su enorme superioridad, había perdido algo de motivación para seguir en activo. En esta ocasión el “ojo” de Jesús Mario había estado pleno de agudeza.

Michael Bridges nació el 1 de febrero de 1957, en Peoria, Illinois. Fue el segundo de cinco hermanos. No había antecedentes deportivos en la familia. Su hermano Bob siguió sus pasos en el instituto, primero con la lucha y después en el powerlifting.

MIKE BRIDGES master

En la “High School” Mike se aficionó a la lucha, compitiendo tanto en su primer año como en el segundo, llegando a ser subcampeón del estado. Se le daba bien, pero también le gustaba entrenar con las pesas. En un momento determinado el entrenador le dijo que se había acabado el entrenamiento con cargas “porque le volvía lento y rígido”. Coincidió que se había encontrado a un amigo de la familia, que estaba organizando un campeonato de powerlifting y, conocedor de la afición de Mike a los hierros, le había propuesto participar en el mismo. Pero el entrenador de lucha pensaba que podía ganar el campeonato del estado de ese año y fue tajante: “O lo dejas, o estás fuera del equipo”. Mike tomó su decisión y, aunque el entrenador intentó rectificar, ya era demasiado tarde.

“Conocí a Mike en los campeonatos nacionales para juveniles de 1976, llegando a ser amigos algo más tarde. Me resultó difícil aceptar las cosas que estaba haciendo en el powerlifting en ese momento. Yo era el rey en esos días y de pronto llega un levantador de 1,60 m. haciendo levantamientos muy cercanos a los que yo hacía… y yo pesaba 15 kilos más. Y lo más sorprendente es que todavía tenía mucho que aprender. Recuerdo a Mike asistiendo a un seminario que di en Chicago. No hizo ni una pregunta, pero no dejó de escuchar y anotar cosas. Fue mejorando cada vez más y más. Se mudó a Dayton y trabajó para mí durante un año. Su entrenamiento fue bien y sus levantamientos  aún mejor… especialmente el press de banca. Ya entonces era un genio de la sentadilla. Me ayudó a mí y a muchos otros. Trabajó tanto con John Topsoglou,  que John puede que pronto rompa el récord de Mike en sentadilla en la categoría de 75 kilos. Si no has leído el curso de Mike sobre sentadilla, hazlo ya.

Mike se mudó a Texas en enero de este año. Se le echa de menos en Dayton, pero no se le olvida. Su vuelta a las plataformas en julio será emocionante y sin duda levantará cargas que aún me resultan difíciles de aceptar. Después de estar con Mike por un tiempo, ahora le entiendo. Cada movimiento de Mike es un levantamiento. Se concentra como ningún otro. No aceptará que nadie le lleve por donde no quiere ir, ni siquiera levantadores más pesados que él. Su entrevista del mes pasado fue auténtica. No bebe… sigue la línea que se marca hasta el final. No se arriesgará a hacer nada que pueda afectar sus levantamientos, y tiene un cuerpo increíble… no se lesiona. Tal vez sea porque es cuidadoso con lo que come y bebe. También duerme 12 horas por noche. Una vez, después de mudarse a Dayton, durmió 20 horas. A mí, ahora me gusta la cerveza y  la pizza,  duermo 4-5 horas como máximo… y me lesiono. Lo intenté a la manera de Mike. No comí nada más que lo mejor, sin cerveza, dormí 8 horas por noche, ni siquiera maldije a nadie durante ocho semanas e incluso intenté no tener sexo (una vez pude aguantar tres días). Salí a una competición,  me desgarré un pectoral y me corté un dedo. Oh demonios… sólo hay un Mike Bridges y es único en su especie”. (Larry Pacifico, “the Champion of Champions reminisces”, en “Powerlifting USA”, vol. 5, nº 12, junio 1982)

No puedo evitar, cada vez que leo esto, pensar en grandes campeones y en el sacrificio que han hecho y hacen, en esas cosas que no se ven y de las que la gente no es consciente. En casos así me acuerdo de Miguel Induráin, de quien se decía que durante el “Tour de Francia”, que se disputa en verano, iba abrigado en los hoteles para evitar el riesgo de coger un simple resfriado (a causa de los cambios de temperatura por al aire acondicionado) que pudiese echar por tierra todo el trabajo. O pienso en gente con quien he tenido el placer de trabajar, como Gema Cristóbal, Enrique Hevia, Eduardo Cruz, Manuel Martínez u otros tantos. El sacrificio que les pedía siempre era inmenso, y ahora dudo si acorde a lo que podíamos recibir (en realidad no lo dudo, no era posible recibir a cambio lo mismo que estaban dando; lo que dábamos todo el equipo). Es verdad que durante unos años estuvimos entre los mejores, pero  ¿era coherente en un deporte, como el powerlifting, en el que éramos conscientes de que, como decía Gema Orellana, al día siguiente “había que volver a poner la lavadora”? No puedo saber si Mike Bridges pensó en algún momento algo parecido, pero si pensamos en su inmensa categoría, ¿Quién le conoce en el mundo del deporte? ¿Tiene menos mérito que Sergei Bubka, Bjorn Borg o incluso Cassius Clay? Son las miserias de los deportes que ni siquiera llegan a minoritarios.

Animado por su hermano Bob, regresó a la competición en 1988. Lo hizo en la WDFPF (la que luego sería USA Powerlifting y que se convertiría en la Federación de EE.UU. afiliada a IPF), ganando los títulos nacionales de ese año y el mundial de 1989. De este último decía tener un bonito recuerdo de los 335 kilos que consiguió en peso muerto, con tan sólo 77 de peso corporal, y del anterior el bonito duelo que mantuvo en sentadilla con Robert Wagner, quien consiguió un último intento con 340 kilos que superaría Mike por medio kilo en un cuarto. Pese a estos éxitos no se sintió motivado para seguir y volvió a abandonar el powerlifting.

Volvió a hacer varias reparaciones y siempre con excelentes resultados, aunque dejando esa sensación de incógnita, a los románticos del deporte, de hasta dónde podría haber llegado.

He visto levantar a un buen puñado de los mejores powerlifters que ha habido, les he arbitrado, hasta he tenido la suerte de compartir mesa con algunos de ellos, sin embargo, al que más he admirado, a Mike Bridges, solo lo he conocido por fotos, por vídeos y por lo que he leído de él. Así que cuando en 2003 vi una foto suya en la que estaba con mi amigo Felipe Hernández… ¡Cuánto envidié a Felipe! No sé, ni me importa, si ese al que llamamos “pecado nacional”, a la envidia, le cabe el calificativo de “sana”; no deseé tampoco ocupar el sitio de  Felipe, pero ¡cuánto me habría gustado estar allí, en Canadá, con ellos, rodearme de todo un subcampeón del mundo, como Felipe, y del auténtico campeón de campeones! Seguro que no le habría “cosido” a preguntas, soy demasiado tímido para eso, pero poder estrechar la mano de Mike Bridges y tener la ocasión de expresarle mi admiración, habría sido uno de esos recuerdos para toda la vida.

MIKE BRIDGES con amigo

[1] En aquellos años se permitían “cuartos intentos” con el único propósito de intentar un récord. En caso de ser válido, el intento no contaba para la suma total.

[2] En este campeonato un español, Toni Gálvez, se proclamó subcampeón del mundo en la categoría de 60 kilos, aunque entonces formaba parte del equipo británico ya que residía allí. A partir de 1982, que volvió a España, estuvo compitiendo entre nosotros.

[3] Para valorar adecuadamente esta marca, quiero puntualizar que en aquellos años no se utilizaban “camisas” en press de banca. Se levantaba prácticamente igual que ahora. La única diferencia es que, cuando la barra estaba parada sobre el pecho, el juez central tenía que dar una palmada, que era la señal análoga a la voz de “press” actual.

[4] Las marcas de Bridges fueron 377,5-227,5-335-940. La sentadilla (377,5) y el total (940) era lo que figuraba como “récord mundial”.

[5] Durante los años que vi a Tony Gálvez hablé con él de muchas cosas; entre otras, del mundial de Calcuta. A este asunto jamás le dio la menor importancia.

[6] En el Congreso IPF se decidió que se haría control de todas las sustancias prohibidas a partir del Mundial 82.

[7] A pesar de mi gran admiración por Mike Bridges, para mí el mejor levantador de todos los tiempos, si tengo que juzgar esta marca por el vídeo que circula por ahí (https://www.youtube.com/watch?v=tGhDZCgz6lw), tengo que decir que discrepo totalmente de la opinión de Glossbrener: a esa sentadilla le faltó profundidad.

[8] Supongo que por aquello de la conversión de libras a kilos (para homologar un récord la competición se tenía que conducir en kilos, al menos en 1986, no sé si también en 1982), el récord de sentadilla se homologó como 379,5 kilos (en el vídeo citado se ve un cartel que pone 380). Por tanto, aunque se aceptaba que los récords fuesen batidos por medio kilo (y dado que el anterior récord lo poseía el propio Mike con 377,5 kilos poner 379,5 era perfectamente reglamentario), sólo contaban para el total las fracciones de 2,5 kilos, por lo que el récord del total se homologó como 952,5 kilos (un poco  por debajo de las famosas 2100 libras). Esta marca superaba el récord que el propio Mike tenía en 90 kilos e igualaba el de Jim Cash en 100 kilos. Impresionante. Sin embargo, y volviendo al dichoso vídeo, se ve que los levantamientos se juzgaron de modo digamos “irregular”; como era “vox populi” que se hacía entonces en EE.UU. En los 232,5 kilos de press de banca se ve claramente que la barra no para en el pecho (seguro que le dieron la palmada, pero el juez era un “amigo”) y en el peso muerto de 342,5, un movimiento impecable durante casi toda su trayectoria ¡suelta la barra bastante antes de que toque el suelo!

8 comentarios en “MIKE BRIDGES”

  1. Felipe hernandez

    Una crónica muy enriquecedora
    Para los que amamos este deporte
    (Como todo lo que Leo tuyo).
    Para mí fue una experiencia inenarrable poder compartir en ese campeonato en Canada con grandes campeones ,como Mike
    E Inaba entre otros,y eso compensa
    Todos los esfuerzos que tenemos
    Afrontar para conseguirlo, independientemente del resultado

    1. Gracias Felipe. Como todos los escritos que hay aquí, es una visión del levantador desde un punto de vista muy personal, muy mío. Intento contar cosas que de otro modo quizá no contaría y que, seguro, con otra edad no habría contado. A Inaba sí que lo conocí, aunque no me habría importado volver a verle. Me alegro de que te haya gustado. Seguiré escribiendo más cosas y seguro que vuelves a aparecer por aquí. Hemos compartido más de un momento bueno. Un abrazo.

  2. Rafael López Cabello

    Muchas gracias Lucio.
    Por todo ( y tanto ) qué has hecho y haces por el Powerlifting.
    Cuando alguien vive algo, se nota en todo lo qué hace, competir, entrenador, juez, escritor etc etc.

    1. He hecho (y hago) lo que he podido, pero sin pasión nada habría sido igual. Tú tienes mucha culpa de que en estos años esa pasión me siga acompañando. Y espero que lo haga todavía muchos años.

  3. Lucio, querido amigo,¡ Qué gusto da leerte!. En esa época yo estaba más en el mundo del culturismo, pero siempre me interesó la fuerza, porque para mi el mundo de » las pesas» era difícilmente divisible. Tuvieron que ser grandes vivencias y según te leo, parece que estuve yo también allí.
    Un abrazo fuerte.

    1. Fueron grandes vivencias. Igual que lo están siendo ahora. Y éstas gracias, en gran medida, a un grupo de gente que estáis ahí empujando el powerlifting con tanta fuerza como nosotros intentábamos hacerlo en esos años. Y, aunque no quiero hacerte sentir «no joven», sabes que, más o menos próximo, también estuviste en muchos de aquellos momentos.

  4. Adrián Martínez

    Da gusto leer una crónica tan bien escrita y con tanta pasión. Desde luego que se nota esa pasión que tienes por el powerlifting y que siempre sabes compartir. Un abrazo, maestro.

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